O fado galego de María do Ceo

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María do Ceo presentou este venres en Santiago o seu último traballo, un disco dobre con 28 cancións titulado ‘De Portugal a Galicia’. Fíxoo nun acto celebrado no hotel Araguaney, no que participou o presidente da Real Academia Galega, Xesús Alonso Montero, o decano da facultade de Ciencias de Comunicación, Xosé Ramón Pousa, o director de Galiciapress, Antón Alonso e o presentador da TVG Xosé Manuel Piñeiro.

María do Ceo é de nacemento portuguesa, pero Galicia ten sido sempre a súa terra. Neste novo disco, o duodécimo da súa carreira, o carácter transnacional da súa música queda máis de manifesto que nunca. Con 14 cancións en portugués e outras 14 en galego, María do Ceo “une de novo dúas partes dunha nazón natural separada pola política”, como recordou o director de Galiciapress Antón Alonso na presentación.

Na mesma idea incidiu o decano da facultade de Ciencias da Comunicación, Xosé Ramón Pousa, que afirmou que neste disco María “une coa súa canción dous mundos tan próximos como lonxanos”, recordando que se houbera máis discos como este “a reactivación da industria cultural en Galicia tería moito mellor pronóstico”.

O presidente da Real Academia Galega Xesús Alonso Montero, pola súa banda, recoñeceu que levaba moitos anos sendo un “propagandista” da obra de María do Ceo, que rematou de encandilalo nun recital privado ao que asistiu no mes de Xaneiro. Gabou á cantante por ser quén de adaptar ao seu adorado Curros Enríquez e pola súa labor como representante da lingua galega no mundo, afirmando que “o que María do Ceo fai por levar fóra algúns dos nosos mellores poemas é algo que non se pode pagar con diñeiro”.

O presentador da TVG, Xosé Manuel Piñeiro, amigo de María do Ceo dende hai moitos anos, agradeceulle á cantante a posibilidade de colaborar neste disco, no que canta con ela ‘Quen puidera namorala’, asegurando que era un luxo acompañar a “unha das mellores voces deste país”.

Pouco lle quedou por decir a María do Ceo despois de tantas verbas amables sobre a súa música. A cantante limitouse a a agradecer o traballo de todos os artistas e colaboradores que fixeron posible este novo disco, antes de pasar a expresarse da mellor forma posible: a través da súa música.

Ata aquí a información de Galiciapress.es

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“El vino y la cultura del vino en el Camino de Santiago”

Texto da intervención de Xosé Ramón Pousa no Congreso de los Diputados, convidado pola “Asociación Parlamentaria por la Cultura de la viña y el vino” co patrocinio da Federación Española del Vino. O acto tuvo lugar na Sala Clara Campoamor do Congreso o 11 de marzo de 2015.

Porta da Igresia de Santiago (Ribadavia)

Porta da Igresia de Santiago (Ribadavia)

En primer lugar quiero agradecer al Congreso de los Diputados la invitación a poder hablar en este importante foro, especialmente a la diputada gallega Marta González y al diputado navarro José-Cruz Pérez Lapazarán. Muchas gracias a todos por compartir estos momentos. El vino y el Camino de Santiago, son dos de mis pasiones que se superponen y complementan perfectamente.

Procedo de una familia que a lo largo de generaciones no ha hecho más que cultivar, producir y comercializar con vino del Ribeiro. En este sentido, soy el primer desertor de esta larga y documentada tradición y lo he lamentado en muchas ocasiones. Creo que mi reconciliación con la cultura del vino es, de algún modo, una forma de pagar esta equivocación. Formno parte de la Irmandade dos Viños de Galicia y desde hace 20 años hago todo cuanto puedo para elevar el nivel de nuestros caldos.

Como periodista, el director de mi diario, Juan Ramón Díaz, me lanzó, en la primavera de 1981, el reto de recorrer el Camino de Santiago desde San Jean de Pie de Port y publicar un libro-guía para cubrir el vacío que existía en aquel momento sobre un fenómeno ciertamente minoritario. Aquel pirmer libro se reeditó varias veces y luego vinieron otros para distintas editoriales. Quizás la publicación, en 1993, de una colección de fascículos, editada por Taller de Editores y distribuida simultáneamente por 17 periódicos españoles a lo largo de 24 semanas, supuso para mi el mayor esfuerzo de estudio sobre la ruta jacobea y la saturación personal sobre una temática que había pasado a ser un fenómeno de masas.

Cuando escribí sobre el camino traté de dar respuesta a los problemas de alimentación, bebida y hospedaje que históricamente habían tenido los peregrinos a Compostela, estudiando los pocos pero grandes relatos de peregrinos que nos han quedado en más de mil años de historia de esta importante ruta medieval por la que han penetrado y en la que se han desarrollado los principales elementos de la cultura occidental: desde la arquitectura en todos sus estilos, a la música, la épica y la lírica medieval, pasando, desde luego, por la cultura del vino que hoy nos ocupa. El cultivo de la vid es consustancial a la cultura judía, se desarrolla en la cultura griega y se acrecienta en la romana. Su papel absolutamente relevante en la conformación del pensamiento cristiano y en la propia liturgia eclesiástica le han dado al vino una proyección histórica de más de tres mil años de la que somos herederos. La vid para vegetar y dar fruto en buenas condiciones necesita un clima templado como el que se da en las grandes franjas comprendidas entre los 30 y 50º de latitud norte y entre los 30 y 40º de latitud sur. El Camino de Santiago se encuentra en lo mejor de esa zona climática del vino, atravesando a lo largo de las cuatro grandes vías francesas las mejores zonas de producción, al igual que ocurre en España, donde pasa por 8 de las grandes zonas vinícolas del país.

Si el Camino de Santiago es una de las grandes construcciones de la civilización cristiana y cruza -como vimos- una zona geográfica idónea para el cultivo de la vid, no es de extrañar que el vino ocupe un lugar de preferencia en su historia. Aunque está claro que el vino llegó a la península ibérica antes que los romanos, fueron los romanos quienes impulsaron su cultivo y, más adelante, las órdenes religiosas las que incrementaron las superficies de cultivo, mejoraron las técnicas de vinificación e introdujeron nuevas variedades.

Las ordenes Benedictina y Cisterciense, los artífices de la infraestructura de apoyo al peregrino en el Camino Francés, son los auténticos creadores del mapa vinícola de la península ibérica, el mayor en extensión del mundo, donde actualmente proliferan además de las castas comunes a Europa, 301 variedades de cepa autóctonas, de las que 28 son exclusivas de Galicia, como acaba de poner de manifiesto una investigación en la que participaron 25 centros de Enología española y un total de 70 especialistas, utilizando las técnicas más modernas de determinación de ADN que, en un futuro muy próximo, nos permitirán descubrir el origen de la vid y la razón de la explosión varietal que hace de España un paraiso de la diversidad vinícola.

A lo largo de la Edad Media, el vino se configura como uno de los componentes básicos de la alimentación y su consumo, como analiza la doctora Rodrigo Estevan, constituye una realidad cotidiana generalizada en todos los niveles sociales sin apenas excepciones por razón de edad, sexo, o condición vital, laboral o económica. Las fuentes literarias, ya sean archivísticas, literarias iconográficas o arqueológicas, permiten no solo contrastar la presencia de este alimento sino también analizar la creciente atención que su producción y consumo generó en el marco de las sociedades feudales del Occidente europeo en ámbitos tan diversos como los de las políticas económicas, las políticas sociales, los tratados de salud o los tratados morales.

Las consideraciones nutricionales colocan al vino en el plano del alimento y sustento necesario para el mantenimiento vital. A diferencia de lo que sucede con la cerveza o con la sidra, la atención y el interés que suscita el vino en las normativas y políticas de los poderes del Occidente europeo revela que este producto no tiene la consideración de una simple bebida sino que constituye un alimento imprescindible, un pilar básico, junto con el pan y la miel, de la dieta medieval. La misma que consumían los peregrinos a Compostela.

En el imaginario cristiano medieval, el vino ocupa un lugar muy relevante al ser uno de sus símbolos más fuertes presente en la liturgia. La institución del vino como alimento en la última cena lo convirtió en alimento no solo del cuerpo sino también del alma. En los hospitales medievales regentados por la orden de Cluni y por los caballeros hospitalarios de la Orden de San Juan de Jerusalen, cada enfermo recibía diariamente en condición de “alimento” una dósis equivalente a un cuartillo de vino, aproximadamente medio litro. Conozco la documentación del Hospital Real de Santiago, creado por los Reyes Católicos y que, desde 1501 hasta finales del siglo XIX, otorgaba a los peregrinos y enfermos en general esta misma dieta vinícola. La selección, adquisición y distribución de este vino, blanco y del Ribeiro, adquirido en los territorios de la encomienda de Beade, estaba regulada y fijaba claramente sus características para evitar malas prácticas. Seguir lendo

COMPOSTELA PRECISA RECUPERAR , PROTEXER E ABRIR AO PÚBLICO OS PEQUENOS XARDÍNS MONUMENTAIS, SEGUN RICARDO VARELA

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“Existen pequenos xardíns en Compostela que deberían ser Bens de Intres Cultural para garantir a súa conservación e visibilidade”, afirmou onte nos “Luns do Ateneo” o arquitecto Ricardo Varela, estudoso da arquitectura da paisaxe, nunha interesante percorrido histórico polos pequenos xardíns da cidade. Ricardo Varela lamentou a perda para a cidade, na década dos cincuenta, por unha operación especulativa, do xardín do Pazo de Bendaña, sobre a Rúa Nova e a calexa de Entrerúas, rodeado por un peche barroco que nada ten que ver coa cafetería e co supermecado que actualmente ocupan o vello recinto, do que mostrou os planos orixinais. Na mesma Rúa Nova existe, pechado ao público, incluso visualmente, o xardín do Pazo de Santa Cruz, coñecido como do Servicio Doméstico, que merecía unha mellor conservación e visibilidade para o público.
O conferenciante, falou con detalle dunha ducia de pequenos xardíns urbanos ou situados na contorna de Compostela, estudando a súa arquitectura, as fontes e a vexetación e valorando o carácter extraordinario dalgúns deles, como os xardíns dos pazo de San Lorenzo, do Pazo de Ortigueira, en Vedra, ou do Pazo de Amarante, na Almáciga, antiga sede do Pazo de Xustiza.
Como exemplo de xardín-fortaleza, con orixe no século XVI, Varela mostrou os planos e as características arquitectónicas do xardín do Pazo Arzobispal, entre as rúas de San Francísco e a Praza da Azabachería, do que a cidadanía solo percibe o impresionante muro de peche do recinto arzobispal. Como elemento curioso, Ricardo Varela mostrou imaxes descoñecidas da chamada “Torre da Vela”, sobre o claustro da catedral, concibida na súa base como un pequeno xardín sobre a Praza do Obradoiro e a rúa do Franco.
Na súa intervención, o conferenciante mencionou a “lamentable” intervención efectuada na Finca do Espiño, asegurando que aínda que a construción que preside o recinto é do século XIX, o xardín é plenamente barroco e quedou destrozado por una intervención pouco respetuosa coa súa historia e sen volta atrás. No amplo coloquio establecido co público, a Alameda compostelana, que non era o tema da conferencia, saíu reiteradamente. Varela Fernández foi moi crítico co estado no que se atopa, incluido actuacións nefastas que están degradando o parque, como son o peche con madeira e aceiro do estanque dos patos, maís propia dunha granxa que dun parque, ou a pouca respetuoso actuación da nova catefería que implicará a morte lenta de árbores centenarias.